A mediados de la década del ochenta, se produce un cambio trascendental en el uso del “country club”: las viviendas destinadas a fin de semana ahora se transforman en vivienda de uso permanente, con un perfil social predominante de matrimonios jóvenes con hijos pequeños. Comienza a perfilarse una nueva imagen del country: una comunidad cerrada, autocontenida en sí misma, que intenta reducir al mínimo sus lazos con el exterior.

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