Considero que habría que separar por un lado la reglamentación y por otro lado la aplicación de la misma. Por tanto, si no se aplica ¿qué más da lo rigurosa que sea? Lamentablemente, en España (ya sea por una cuestión cultural, o por la situación del sector de la construcción) las normas todavía se cuestionan. Pongo el ejemplo de los certificados de calificación energética: sólo hay que darse una vuelta rápida por cualquier portal inmobiliario, y encontrarte la famosa coletilla “en trámites”. Y esto casi 4 años después de la entrada en vigor del Real Decreto.

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